Te vi.
Por qué te vi? Por qué tuve la infundada necesidad de tener que llamarte?
Para saber si te acordás de mi, para ver, para probar que se sentía, para algo y no se para que. El punto no fue la casualidad de verte, que es una en mil. Si vivís en ramos, si no tenés moto, ¿qué podrías llegar a hacer en corrientes y pueyrredon a pocas cuadras de mi paradero, a la misma hora? Porqué tenés que hacerte el rudo y mostrarme que no te importo tanto, que podes vivir sin provocar un contacto físico ni darme la razón ni pagar el helado ni nada. Porqué tanta distancia, porqué tan pocas respuestas, porqué pensar que si el otro está raro es por una droga y no por todo el dolor –el amor es una droga- que puede provocar no verse más? Porqué tantos cambios, porqué siempre querer más, porque la frase “no hay dos sin tres”, porqué yo tengo esa necesidad de querer dejar claro que si quiero puedo, que los papeles siguen, que puedo buscar un beso y encontrarlo, (siempre me gustaron los números impares), pero que tal vez tu estrategia –ya no sé que pensar en el amor o el ex amor- era hacerte el malo para que yo sienta que tengo que dejar en claro que tan malo no sos –y yo tampoco- y que si quiero te robo un beso sin moverme, haciendo que me voy. Entonces en realidad no sé. Entonces pienso - mientras tu boca hace de cuenta que es mía – que sufrimos los cuatro. Vos, yo, ella y él.
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